jueves, 16 de septiembre de 2010

¿Ser auxiliar de vuelo es una aventura?

He leído está historia en El Correo y me ha encantado. Una historia de cómo llegar a ser Azafata de Vuelo y cómo te puede cambiar la vida.
Desde hace unos meses no se baja de las nubes. Con mucha constancia, Begoña Casal Saiz ha cumplido su sueño: trabajar para una compañía aérea como Auxiliar de vuelo. Y, desde entonces, no para de volar de un sitio a otro. Sólo en una semana puede haber visitado Siria, Irak, Kuwait, Dubai, Atenas y Moscú... Pero siempre vuelve a su 'base de operaciones' en Ammán. Hasta la capital jordana se mudó el 18 de mayo con mucha ilusión y con el desconocimiento de cómo sería vivir en un país árabe. «Tenía dudas de qué me iba a encontrar. Te lo puedes imaginar, pero nunca se asemeja a la realidad».

Esta bilbaína de 28 años ha visto compensado su esfuerzo después de prepararse a conciencia para ser azafata de vuelo. Estudió Turismo en la Universidad de Deusto y, nada más acabar la diplomatura, se fue a Gran Bretaña a aprender inglés. Al poco tiempo regresó a Bilbao a realizar un máster en Dirección Hotelera, título que le sirvió para obtener su primer empleo. Pasado un año, volvió al Reino Unido para trabajar como asistente de dirección en la recepción de un hotel en el sur del país.
La experiencia fue muy positiva. En dos años de estancia dominó la lengua inglesa y se amoldó a la perfección a la cultura británica. «Al principio te cuesta cenar a las cinco de la tarde o que los establecimientos cierren pronto, pero te acabas acostumbrando. Además, apenas tenía tiempo libre porque trabajaba muchísimo».
Estaba feliz con la oportunidad que le brindaron, pero la ciudad y el hotel se le quedaron pequeños. «Quería algo más», matiza. Retornó a Euskadi con los primeros brotes de la crisis y, pese a la negativa situación económica y laboral, consiguió un puesto en la sala VIP de Iberia, dentro del aeropuerto de Bilbao. Duró sólo los meses de verano, tiempo más que suficiente para 'picarle el gusanillo' y querer meterse de lleno en ese sector. Volar alto.
Con esa idea, Begoña se mudó a Madrid. Hizo un curso intensivo de cuatro meses como tripulante de cabina de pasajeros y empezó a acudir a las pruebas convocadas por aerolíneas. Sin arrojar nunca la toalla. Y, hasta que llegó la oportunidad que ella anhelaba, trabajó como administrativa para una empresa.

Se presentó a la enésima jornada de puertas abiertas, esta vez organizada por la compañía Royal Jordania en el hotel Intercontinental de Madrid. El destino, sin embargo, le deparó una sorpresa. De las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, pasó todas las pruebas. Y le dieron el deseado sí. «Visto y no visto. En veinte días me iba a Jordania. Me chocó un poco porque tenía sentimientos contrarios. Por una parte, me daba pena dejar España pero, al mismo tiempo, estaba súper contenta», rememora.
Como ella, veinte españolas más volaron rumbo a Ammán nerviosas por lo que se iban a encontrar. «Llegamos tardísimo y cansadas. Pero me sorprendió lo pequeño que es el aeropuerto y la cantidad de controles de seguridad que pasamos». No sólo eso, sino que además fueron trasladadas al hotel por un autobús «antiquísimo». Las primeras semanas se tuvo que someter a un montón de pruebas médicas. Tras el chequeo, comenzaron un curso de dos meses para conocer a fondo las distintas aeronaves.
«Al principio estaba mareada de ir de un sitio a otro del país porque viajar en autobús es una odisea, ya que las distancias son muy largas», recuerda. El primer mes fue más fácil al pagarle la empresa el alojamiento en un hotel con régimen de todo incluido. Pero, en tiempo récord, ella y varias compañeras tuvieron que buscarse un piso de alquiler. Nada sencillo. «Aunque se habla inglés, el idioma oficial es el árabe y resulta complicado comunicarse. Nos costó encontrar un apartamento. ¡Fue estresante!».

Pasada esa prueba, la siguiente fase fue adaptarse al estilo de vida de Ammán. Algo complicado, si se tiene en cuenta la falta de infraestructuras. «Resulta difícil salir a la calle, pasear y perderse por la ciudad. No hay aceras y para hacer la compra, te tienes que desplazar hasta los centros comerciales». Las mujeres, además, sufren más inseguridad a la hora de ir a pie por la ciudad. «Tengo miedo de coger un taxi sola si se hace de noche. Te pitan desde los coches cuando caminas por la calle».

«Maravillosos paisajes»
Sin un vehículo no se puede hacer vida en Ammán. De hecho, el taxi es el principal medio de transporte al ser bastante económico. Eso sí, hay que tener cuidado con los que no hablan inglés. «Algunos te dicen que no te llevan por no saber su idioma. Y otros tratan de timarte, dando vueltas por toda la ciudad». Estos aspectos, algo más negativos, se compensan con los maravillosos paisajes que ofrece Jordania y con la sociabilidad de su gente.
Para esta bilbaína está siendo toda una aventura. Así se lo toma. Como una oportunidad única para visitar distintos rincones del mundo. Aunque ella hace vuelos de ida y vuelta y siempre regresa Ammán, cada día es una sorpresa. Siempre disponible hasta que le comunican su nuevo destino. Ella, sin embargo, es feliz. No quiere bajarse del avión. «Tengo un contrato de un año aquí y, después, me gustaría mucho regresar y trabajar con una compañía aérea española», confiesa. Hasta que llegue ese momento, sólo piensa en nuevas rutas. Las próximas, Chicago, Nueva York y Bangkok.

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